El Señor de los currículums (Parte 3)

Cada día los procesos de selección están volviéndose más y más complicados para los candidatos. Tampoco es de extrañar, pues con la gran cantidad de candidaturas que reciben las organizaciones éstas deben aplicar más filtros para asegurarse de que el candidato seleccionado es el idóneo para el puesto. Desafortunadamente esto se convierte en un desgaste y una ardua tarea para el candidato que finalmente puede llevarlo a perder el interés. Quizás llegue el caso que el proceso se convierta en una auténtica aventura a un nivel similar al de El señor de los anillos.

Tercera parte: El retorno del candidato

El día de la entrevista nos encontramos en territorio enemigo. Mientras subimos por el ascensor, hablamos con recepción o nos sentamos en la sala de espera nos damos cuenta de que estamos rodeados de orcos personas desconocidas y que cualquiera de ellas podría ser nuestro entrevistador. De modo que deberemos mantener las formas y mostrar una educación digna de un diplomático.

Y entonces aparece. Viene nuestro nazgûl entrevistador y nos llama. Será cordial, respetuoso y amable, cosa que nos hará sentir cómodos y agradeceremos. De repente nos abre la sala de entrevistas y vemos al resto de entrevistadores con los que deberemos enfrentarnos. Todos ellos amigables, pero con un objetivo común: evitar que destruyamos el anillo único evaluar si somos la persona idónea para el puesto.

Es aquí, en este punto donde deberemos actuar con serenidad y maestría. Es muy fácil escribirlo en este post, pero mantener la calma y controlar los nervios serán (además de responder a las preguntas) nuestro principal objetivo. Al fin y al cabo los nervios pueden ser nuestro Gollum peor enemigo y traicionarnos en cualquier momento.

Y de este modo empieza la batalla. Responderemos a las preguntas que nos hacen los entrevistadores de la manera más profesional y completa posible. Si no damos respuesta a alguna de sus preguntas, podemos dar por seguro que no los superaremos, así que nos exige máxima concentración. No hay problema si tenemos que tomarnos un tiempo en pensar las respuestas, incluso al final de la entrevista podemos volver a alguna de ellas si sentimos que podemos añadir cosas o profundizar. En el final de la entrevista nos darán un tiempo para solventar dudas que podamos tener. Deberemos evitar a toda costa de caer en la trampa de discutir salario, vacaciones, horarios, beneficios… tampoco les vamos a preguntar cuando nos contactarán para decirnos el resultado de la entrevista, pues les damos el beneficio de la duda y asumiremos que son una empresa seria y que contactarán con nosotros cuando hayan tomado una decisión.

Tres candidatos durante una entrevista de trabajo.

Tres candidatos durante una entrevista de trabajo.

¿Entonces que les preguntamos? Podemos preguntar cuál es el motivo de la vacante (si no lo sabemos ya), los objetivos del departamento, los mayores retos a los que se enfrentaría el candidato seleccionado… hay un montón de preguntas que demostrarán nuestro interés en la posición y en la empresa.

Si hemos tenido éxito en la entrevista (o entrevistas) nos contactarán para discutir las condiciones del puesto. En este punto ya tenemos la mayor parte de nuestra batalla ganada, sin embargo hay que andar con pies de plomo, pues un paso en falso y podríamos estar fuera. Discutiremos las condiciones uno contra uno con Sauron la empresa, así averiguaremos qué interesante nos resulta coger el puesto de trabajo o por lo contrario decirles que se pueden quedar con el anillo. Tomaremos una decisión que podría cambiar nuestras vidas de manera radical.

Y al final, por fin, hemos conseguido entrar en la empresa. Hemos superado nuestro reto después de un viaje que nos ha costado la vida de Boromir sudor, nervios y hasta lágrimas. Podríamos pensar que al haber conseguido nuestro objetivo nuestra lucha contra las fuerzas orcas ha terminado. Falso. Podemos estar convencidos que nuestro contrato tiene un Gollum periodo de prueba. Esta es la última fase del proceso de selección y de esta larga batalla. No podemos distraernos. El periodo de prueba nos servirá de carta blanca (tanto a nosotros como a la empresa) para romper toda relación laboral que tengamos sin demasiados impedimentos. Así pues, hay que andarse con ojo: los ojos del enemigo siempre están observando.

PD: como profesional de recursos humanos opino que en un proceso de selección tanto el candidato como la empresa deben colaborar y no enfrentarse. Sin embargo comparar la situación con la lucha entre Frodo y Sauron me ha parecido una imagen más clarificadora. De manera que si te sientes ofendido o no te gusta el contenido del post, estaré encantado de discutirlo. Pero tampoco me negarás que muchos candidatos viven los procesos de selección como lo que he descrito.

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El Señor de los currículums (Parte 2)

Cada día los procesos de selección están volviéndose más y más complicados para los candidatos. Tampoco es de extrañar, pues con la gran cantidad de candidaturas que reciben las organizaciones éstas deben aplicar más filtros para asegurarse de que el candidato seleccionado es el idóneo para el puesto. Desafortunadamente esto se convierte en un desgaste y una ardua tarea para el candidato que finalmente puede llevarlo a perder el interés. Quizás llegue el caso que el proceso se convierta en una auténtica aventura a un nivel similar al de El señor de los anillos

Segunda Parte: Las dos (o más) pruebas

¿Pensabas que por haber reunido a un grupo de aventureros llegarías fácilmente a tu objetivo? Nada más lejos de la verdad. Si nos hemos preparado bien (y con un poco de suerte) recibiremos un primer contacto de la empresa interesándose por nuestra candidatura. Hay que ir con mucho ojo. Seguramente la empresa nos quiera hacer algunas preguntas sobre nuestra experiencia, nuestro interés por la vacante y tampoco nos sorprenderemos si nos preguntan por expectativas salariales. Tenemos que ser cuidadosos con la información que damos, pues esta primera impresión decidirá de si finalmente tenemos la oportunidad de hacer una entrevista personal.

Tampoco sería nada extraño si en lugar de citarnos para una entrevista, la empresa decide que tenemos que enfrentarnos a un Kraken, o quizás un Balrog test psicotécnico, o quizás de idiomas y así puedan evaluarnos. No nos desesperemos. Quizás no nos parezca justo que antes siquiera de habernos conocido personalmente nos pasen este tipo de pruebas, pero tenemos que ser conscientes que nuestro reto no es otra cosa que una carrera de fondo.

Un candidato enfrentándose a la prueba psicotecnica.

Un candidato enfrentándose a la prueba psicotécnica.

Si hay algo que la empresa no tiene, esto es tiempo. No tiene tiempo que perder con unos pequeños hobbits que no son capaces de vencer al Kraken. Las organizaciones quieren asegurarse que el tiempo que invierten entrevistando no es desperdiciado. Así que, compañero de viaje, para poder enfrentarnos a Sauron antes tendremos que haber superado a sus esbirros.

Una vez hayamos superado con éxito estos obstáculos es probable que obtengamos una entrevista personal. Es en este punto donde sucederá la mayor parte de la batalla. Los nazgûl entrevistadores son duros de pelar y tienen mucha experiencia en estas situaciones, de modo que otra vez más, tendremos que prepararnos con todos nuestros recursos.

Para prepararnos, nuevamente repasaremos la empresa, sus objetivos, servicios, situación en el mercado, dimensiones, expansión internacional, competidores… toda información que recopilemos nos servirá como nuestro arsenal. Muchas empresas utilizan a día de hoy la selección por competencias, de modo que sería interesante (siempre que sea posible) conseguir una job description del puesto con dichas competencias. A partir de ahí nos haremos una idea del tipo de preguntas que podrían hacernos y así organizar nuestras respuestas (recomendable hacerlo mediante el modelo STAR).

Así pues, estamos listos y nos dirigimos hacia nuestra batalla.

El Señor de los currículums (Parte 1)

Cada día los procesos de selección están volviéndose más y más complicados para los candidatos. Tampoco es de extrañar, pues con la gran cantidad de candidaturas que reciben las organizaciones éstas deben aplicar más filtros para asegurarse de que el candidato seleccionado es el idóneo para el puesto. Desafortunadamente esto se convierte en un desgaste y una ardua tarea para el candidato que finalmente puede llevarle a perder el interés. Quizás llegue el caso que el proceso se convierta en una auténtica aventura a un nivel similar al de El señor de los anillos.

Primera parte: La comunidad del currículum

Al igual que Frodo, nosotros como candidato perseguimos un objetivo: conseguir el puesto de trabajo. Vale, estoy de acuerdo que es un poco distinto y más sencillo que ir a destruir el anillo único en el corazón de Mordor, sin embargo sigue siendo un reto muy ambicioso.

Para alcanzar dicho objetivo primero tenemos que prepararnos, y para esto hay que conseguir tantos recursos como sea posible. Nuestros amigos hobbits deciden juntarse con algunos aventureros, un mago, un enano, un elfo… en caso de que estos no se encuentren en nuestro círculo de amistades podemos inclinarnos por otras opciones.

En primer lugar tenemos que preparar un buen currículum. Se ha escrito un montón sobre cómo debe ser un buen currículum, así que no entraré en detalle. Lo único que hay que tener presente es que la diferencia entre un buen currículum y un mal currículum es que nos llamen o no para la entrevista. Así de simple.

Pero tener un buen currículum no es la única preparación que debemos hacer. Tendremos que investigar sobre Sauron el puesto de trabajo al cual estamos optando, así como la empresa que lo anuncia. Hay que averiguar los servicios que ofrecen, cuál es su cultura y sus valores, su relevancia en el mercado, sus competidores… Una vez hayamos obtenido esta información podremos escribir una carta de presentación y un currículum adaptados a las necesidades de la vacante.

Así pues, cuando tengamos todo esto hecho, enviaremos nuestra carta de presentación y currículum para poder embarcarnos hacia Mordor.

Preparados para dirigirnos hacia nuestro objetivo.

Preparados para dirigirnos hacia nuestro objetivo.

¡Nadie te está persiguiendo!

A toda organización le preocupa la retención del talento, y es por esto que el papel de recursos humanos y los equipos es crucial para asegurar la continuidad de los empleados. Sobretodo aquellos que aportan valor añadido y serán difícilmente reemplazables. Es normal expresar preocupación por si el talento se va, pero a muchos directivos, responsables de recursos humanos y supervisores esto les produce pánico.

¿Y cuál es su reacción ante este pánico? Se pueden volver tan obsesivos ante ésta hipotética fuga que incluso se recurra a espiar a sus trabajadores para detectar el más mínimo movimiento en lo que a búsqueda de empleo se refiere. Pero todo este pánico tiene un único origen: la desconfianza.

En este punto la organización debería plantearse su proceso de selección, pues si contrata a personas en las cuales no confía hay alguna cosa que falla. Pero lo que la empresa no quiere ver, es que su trabajador puede marcharse en cualquier momento, y si éste se siente perseguido, sin duda querrá irse. Es mucho mejor dar flexibilidad a los miembros del equipo, confiar en ellos y hace que se sientan valorados por la empresa. Si los empleados están contentos y su experiencia es positiva, no tendrán motivos para irse.

Esto es exactamente lo que pasa en “Atrápame si puedes cuando Frank (Leonardo DiCaprio) quiere abandonar su trabajo (forzoso) en el FBI. Pero Carl (Tom Hanks) le muestra que confía en él y no tiene motivo alguno para abandonar la organización.

¿Si el agente Carl es capaz de confiar en un expresidiario porqué no deberían confiar las empresas en sus equipos? Al fin y al cabo fueron éstas quienes los eligieron.

¿Qué pasa cuando vendes droga al tipo equivocado?

La toma de decisiones en las organizaciones es uno de los puntos clave para la vida de éstas. Parecerá obvio, pero si no se toman decisiones, pocas cosas podrán llevarse a cabo, de manera que el sistema decaerá por si solo. Pero hay dos maneras distintas de tomar una decisión. Podemos basarnos en la intuición, esa sensación que nos dice qué es lo correcto, o podemos basarnos en evidencias.

Si nos basamos en la intuición, tomaremos las decisiones según nuestra percepción, es decir de manera subjetiva. Asumiremos que aquello que hacemos es lo correcto y la manera óptima de proceder. Veamos un ejemplo de una toma de decisión basada en la intuición.

Como vemos, nuestro protagonista se basa en la intución a la hora de vender su producto, lo que acaba resultando fatal para él. Es por esto que dicho traficante debería haber basado su decisión en un análisis de datos (ahora que el Big Data está de moda). Si se hubiera tomado la molestia de recopilar la información necesaria y llevar a cabo un análisis adecuado, habría tenido la oportunidad de tomar una decisión más ventajosa y no acabar detenido. Uno no se puede fiar de que se lo juren por la Constitución.

Una de las empresas que lleva tatuado el análisis de datos en sus genes es Google. En Google no se toma ni una sola decisión que no esté basada en la recogida y posterior análisis de datos. Desde el departamento de marketing, ventas, logística y hasta recursos humanos. Todos basan sus decisiones en análisis de datos. Ésta es una práctica cada vez más extendida y muchas organizaciones se están subiendo al carro. Quizás sea una buena idea si no quieres que te cojan como al camello del vídeo…

No hay nobleza en la pobreza.

Si habéis visto la última película de Martin Scorsese seguramente os suene el título del post. Con esto no quiero decir que dicha cita esté alineada con mi manera de pensar, no obstante, es una frase que utilizada en las circunstancias adecuadas, con las personas adecuadas y en el momento adecuado, tiene un impacto muy grande.

El Lobo de Wall Street nos narra la historia de Jordan Belfort (Leonardo DiCaprio), un corredor de bolsa que se hizo millonario gracias a su labia, a su capacidad de persuasión, su discurso y sobretodo gracias al engaño.

Veamos entonces cuál es el discurso de éste personaje y como consigue influenciar a los demás.

Hay numerosos aspectos que Jordan Belfort tiene en cuenta a la hora de motivar a sus empleados:

1) Sabe qué es lo que les motiva: Dinero, dinero y más dinero. Puede parecer obvio, pero realmente no es nada fácil identificar qué factores motivan a las personas. Jordan tiene muy claro qué quieren sus empleados y sabe cómo dárselo (o eso dice). Cuanto más ricos los pueda hacer, más motivados estarán. Con una actitud llena de opulencia les muestra lo que pueden llegar a ser, ataca directamente el centro de todas sus motivaciones, lo que causa una respuesta extraordinaria por parte de los empleados.

2) (Re)conoce el valor de las personas: Tiene muy claro que las personas son el motor de la organización, el núcleo, el corazón que bombea la sangre al resto de la empresa. “Sin vosotros, estos teléfonos no son nada más que un trozo de plástico”. Mostrando públicamente su reconocimiento a sus trabajadores, se presenta como alguien cercano, como uno más del equipo. Pese ser un vendemotos, no se comporta de manera arrogante con sus trabajadores, pues es consciente que sin ellos él no se encontraría donde se encuentra.

3) Sus instrucciones son simples: “Coged el teléfono y empezad a llamar”. Se trata de una orden lo bastante simple como para que todo el mundo la entienda. Él les ofrece convertirse en personas tremendamente ricas y lo único que tienen que hacer es coger un teléfono y llamar. Sabe simplificar, de manera que resulta fácil asimilar las tareas y así reaccionar rápidamente. Al fin y al cabo, lo único que hay que hacer es coger el teléfono y empezar a llamar…

4) Domina la comunicación no verbal: Por último pero no menos importante, Jordan roza la perfección en cuanto a la comunicación no verbal. Sabe cuando tiene que gritar, cuando debe susurrar y hasta cuando le conviene tirar su reloj de 40.000$ y regalarlo. Pero Jordan además juega con un punto a su favor. Es plenamente consciente que como más grande sea su auditorio, más masiva será su respuesta, por esto hace su discurso delante de una masa totalmente entregada.

Si queréis leer más sobre este personaje no dudéis en visitar el artículo que ha publicado la revista Forbes así como el post de Francisco Alcaide Hernández donde lleva a cabo un análisis en profundidad.

¡Tómate la pastilla roja!

Cuando llevamos mucho tiempo en una posición cómoda, tranquila, que no nos supone hacer grandes esfuerzos, es fácil adoptar una actitud de sedentarismo, de aceptación en la cual el único objetivo es mantener dicha comodidad. Esto es lo que se llama la zona de confort. ¿Por qué motivo deberíamos molestarnos a cambiar cuando ya nos encontramos a gusto?

Mantenernos en esta zona nos supone quedarnos estancados, no buscar nuevas metas, nuevas motivaciones, nuevos caminos… Se trata de una actitud altamente corrosiva que, aunque parezca que nos ayudará a mantener el confort, lo único que hará es que tanto las personas como las organizaciones nos oxidemos.

Es por esto que cuando nos demos cuenta que entramos en la zona de confort tenemos que ser valientes para tomarnos la pastilla roja.

Tomarnos la pastilla roja no es nada más que cambiar nuestra actitud. Buscar nuevos desafíos, romper con las rutinas, abandonar todos los hábitos que nos permiten estar bien calentitos dentro de nuestra burbuja. Sólo cuando hayamos hecho este cambio seremos capaces de tirar adelantes nuevos proyectos, asumir nuevos retos y alcanzar nuevas victorias.

No obstante, no es nada fácil dar el primer paso y es posible que necesitemos el empujón de alguien que nos acabe de abocar hacia el cambio. Aún así, hay que tener presente que esta tercera parte solamente nos será útil en los primeros instantes. Una vez nos hayamos tragado la pastilla roja estaremos nosotros solos delante un amplio abanico de nuevos retos que hasta el momento no habíamos visto. ¡Así que no lo dudes y tómate la pastilla roja!

Nota: Si queréis profundizar más en la metáfora de Matrix, el mito de la caverna de Platón y la zona de confort, no dudéis en visitar el siguiente post de María-José Dunjó.